


No deja de ser paradójico que sea un género muerto –el Western- el que nos haya traído este año dos de las mejores muestras de cine a la gran pantalla (la última, “Appaloosa”), mientras que el género de acción trepidante, tan vigente en la actualidad, languidezca y se haya convertido en mera técnica sin espíritu ni talento narrativo (“Quantum of Solace”) y siga preocupando que el llamado cine independiente ofrezca muestras tan pobres (“Asfixia”) que lo único que haga sea cuestionar su propia existencia como tal.
“Appaloosa” (Ed Harris, Usa 2008) nos llega después de “El Tren de las 3.10”, ya un clásico contemporáneo del Western que mezclaba con éxito el cine americano más contundente, el spaghetti de Sergio Leone, y todo ello con una sabia ración de violencia, ironía y magnetismo en todos y cada uno de los personajes. “Appaloosa” se presenta con un estilo diferente, más pausado, donde los momentos más interesantes proceden de la interacción entre los personajes de Ed Harris, Viggo Mortensen y Renée Zellwegger. Sí, es importante que haya que acabar con el villano de turno, un Jeremy Irons más interesante en el último tercio, cuando ejerce su maldad con más sutilidad y elegancia, pero es la relación de amistad entre los dos pistoleros, y la de ellos con la de Zellwegger la que sustenta el interés de la cinta. Ed Harris rueda con sobriedad, acompaña con su cámara a los personajes y nunca reclama un protagonismo que no le corresponde, beneficiando el conjunto una historia que mejora según avanza.
Entre lo peor de “Quantum of Solace” (Marc Forster, Usa&Uk 2008) citar su naufragio en lo que debería ser su punto fuerte: las escenas de acción. Quedan bastante lejos de la maestría con que se rodaron las de, por ejemplo, “El Ultimátum de Bourne”; comentar la excesiva seriedad con la que se toma a sí misma una historia bastante absurda, con escenas bochornosas (¿qué hace 007 sacando fotos a los malos en una escena tan patética que es difícil de describir?) y momentos ridículos (dos montajes paralelos tan prescindibles como pretenciosos); y, claro, que Bond sólo se acuesta con una mujer, ya casi no bebe, no fuma y poco a poco del agente doble cero sólo va quedando el nombre. La dirección es impersonal y el máximo protagonismo se lo llevan, repartido a medias, la postproducción de sonido y el montaje.
De “Asfixia” (Clark Gregg, Usa 2008) poco cabe decir; sí es más interesante comentar la ecléctica carrera de su director, Clark Gregg, que suele aparecer en películas de David Mamet, escribe thrillers como “Lo que la Verdad Esconde”, y ahora se atreve a adaptar a Palahniuk. Sin tomar en cuenta su referente literario, el principal obstáculo que encuentra el espectador al enfrentarse a la película, es la falta de un tono definido y no conseguir que lo que nos cuenta nos llegue a importar, que nos involucremos con los personajes. Sí, pasan cosas, de acuerdo, algunas incluso nos hacen gracia, nos reímos, pero la historia hace aguas y al final se pierde el interés.
Así que, visto lo visto…¡Larga vida al Western!




































