domingo, 13 de enero de 2008

HABITACIÓN SIN SALIDA (Nimród Antal, Usa 2007)


Película a la que hay que entrar sin saber nada… y de la cual se saldrá con la impresión de haber visto un trabajo modesto pero con talento. Con mínimos elementos se teje una historia que sorprende por su sencillez y efectividad, y por momentos, como en la gran secuencia de la habitación donde los protagonistas descubren ese pequeño gran secreto, aterroriza.

A destacar los títulos de crédito, iniciales y finales, acompañados de una banda sonora original capaz de engancharnos a una historia que extrae lo máximo de una situación límite y no se deja ir nunca por el camino fácil de la sangre sin sentido y la falta de humor.

Todo lo contrario: excelente pieza de género construida en torno a un gran villano interpretado por Frank Whalley.

LEONES POR CORDEROS (Robert Redford, Usa 2007)


Alguien debería decirle a Robert Redford que tiene setenta años, el pelo sin una sola cana y los dientes más blancos que la indumentaria del Real Madrid. Dicho esto, y tratando de olvidar que el mítico actor empieza a parecerse más a un Alien que a sí mismo, molesta el continuo afán didáctico de la cinta, demasiado obvio, demasiado evidente, arriesgando demasiado al intentar unir tres historias por su temática.

Más allá de sus buenas intenciones, y de un reparto de primera línea, la película aburre porque lo que cuenta se podría haber contado en cinco minutos, porque no se puede sustentar una película en dos secuencias de diálogo (a no ser que ese diálogo lo escriba alguien como Harold Pinter) y una de acción (que tampoco es demasiado memorable), y porque, por favor, todo es tan previsible que la somnolencia acude al espectador con más velocidad que un zombie en el Amanecer de los Muertos o 28 días / semanas después.

Esperemos que Redford haga una nueva película que nos quite el mal sabor de boca y nos recupere al magnífico director de Gente Corriente o El Río de la Vida.

viernes, 11 de enero de 2008

SOY LEYENDA (Francis Lawrence, Usa 2007)


Los mejores efectos especiales son los que no se notan, los que parecen reales. En esta película tenemos dos tipos de efectos: los que se integran a la perfección, y los que, por muy bien hechos que estén, no dejan de ser efectos. La ciudad de Nueva York desierta, abandonada, con la sola presencia de Robert Neville (interpretado con envidiable solvencia por Will Smith), causa desasosiego en el espectador, a la vez que impacta, porque visualmente lo que vemos parece real. Otra cosa es cuando captamos la primera imagen de las criaturas de la noche. CG. Vale. Muy bien hecho. Pero me causa la misma sensación de realidad que cuando veía al Raton Mickey bailar con Gene Kelly en Levando Anclas: no puedo dejar de pensar que alguien ha dibujado esa criatura, y eso me arranca de la poderosa realidad que ha sido creada previamente con el escenario de la ciudad vacía.

Superado ese primer escollo, la película es interesante, hace una adaptación digna de la extraordinaria novela de Richard Matheson, y, como ya he dicho antes, elige un actor capaz de llevar el peso de la historia. La escena prólogo provoca interés y los posteriores intentos de Neville por conseguir el antídoto son el rayo de esperanza de una historia que desde el principio no lo es demasiado.

Buena película, supera sin duda a las anteriores versiones, las protagonizada en los sesenta por Vincent Price y en los setenta por Charlton Heston… aunque siempre nos queda la esperanza de que se haga en el futuro esa gran adaptación que no quede eclipsada por la magia que emana de la novela del gran Matheson.