
Alguien debería decirle a Robert Redford que tiene setenta años, el pelo sin una sola cana y los dientes más blancos que la indumentaria del Real Madrid. Dicho esto, y tratando de olvidar que el mítico actor empieza a parecerse más a un Alien que a sí mismo, molesta el continuo afán didáctico de la cinta, demasiado obvio, demasiado evidente, arriesgando demasiado al intentar unir tres historias por su temática.
Más allá de sus buenas intenciones, y de un reparto de primera línea, la película aburre porque lo que cuenta se podría haber contado en cinco minutos, porque no se puede sustentar una película en dos secuencias de diálogo (a no ser que ese diálogo lo escriba alguien como Harold Pinter) y una de acción (que tampoco es demasiado memorable), y porque, por favor, todo es tan previsible que la somnolencia acude al espectador con más velocidad que un zombie en el Amanecer de los Muertos o 28 días / semanas después.
Esperemos que Redford haga una nueva película que nos quite el mal sabor de boca y nos recupere al magnífico director de Gente Corriente o El Río de la Vida.
Más allá de sus buenas intenciones, y de un reparto de primera línea, la película aburre porque lo que cuenta se podría haber contado en cinco minutos, porque no se puede sustentar una película en dos secuencias de diálogo (a no ser que ese diálogo lo escriba alguien como Harold Pinter) y una de acción (que tampoco es demasiado memorable), y porque, por favor, todo es tan previsible que la somnolencia acude al espectador con más velocidad que un zombie en el Amanecer de los Muertos o 28 días / semanas después.
Esperemos que Redford haga una nueva película que nos quite el mal sabor de boca y nos recupere al magnífico director de Gente Corriente o El Río de la Vida.
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