jueves, 28 de febrero de 2008

NO ES PAÍS PARA VIEJOS (Joel & Ethan Coen, Usa 2007)


¿Resumiendo? Puro cine. Los Coen hacen una película perfecta en sus primeros 90 minutos. Diálogos antológicos (procedentes de la novela de Cormac McCarthy), secuencias narrativas sin diálogo cargadas de tensión, interpretaciones únicas, filosofía y humanidad. Josh Brolin, Javier Bardem y Tommy Lee Jones componen un trío de personajes identificables por su forma de caminar, de hablar, de reaccionar. Además, se permiten el lujo de crear la mejor secuencia de terror del año, cuando un omnipresente Bardem intenta atrapar a Brolin en el segundo hotel en el que este se aloja. Magistral.

¿Un pero? La discutible decisión de eliminar en off a uno de los personajes principales e hilvanar desde ese momento lo que parece una nueva película. Que, en realidad, no lo es, pero queda lejos de la intensidad que atrapa al espectador hasta ese momento. De la acción. Y se quiera o no, descoloca al espectador.

El western, el film con psychokiller, suspense, humor y horror se dan la mano con naturalidad durante las dos horas de proyección. Como la vida misma.

Muy recomendable.

domingo, 17 de febrero de 2008

TREINTA DÍAS DE OSCURIDAD (David Slade, Usa 2007)


Durante la proyección de Treinta Días de Oscuridad, y conforme avanza el metraje, uno siente que las esperanzas de ver una película decente de vampiros se van evaporando. Cada decisión que se toma en el devenir de la historia parece errónea, y aunque aguardamos que tengan una razón de ser para el desenlace final, esto nunca llega a suceder.


Incapaces de mantener la tensión en el espectador y sin justificar lo suficiente los saltos temporales que sufrimos durante la película (último día de sol, noche 1, noche 7, noche 21…), el espectador se empieza a preguntar qué demonios sucede en esos días que no presenciamos en pantalla, a qué se dedica ese grupo de vampiros cuando no está matando o comiendo, cómo viven el grupo de supervivientes durante esos días que toman forma de elipsis en pantalla.


Tal vez el formato de película no era el más adecuado para contar esta historia. Quizá una serie hubiera dado más espacio para el desarrollo de los personajes, para graduar mejor la tensión, y hacer que el espectador sí pudira identificarse con todo lo que sucede a lo largo de la historia.


Intentando olvidar el bochornoso final, con amanecer incluido, después de ver la película, uno no puede más que sentir una profunda decepción, sobre todo después de ver que David Slade no ha sido capaz de mantener el nivel que ya había apuntado en la magnífica Hard Candy, siendo esa una película que sí poseía un excelente guión.

SWEENEY TODD (Tim Burton, Usa 2007)


A los segundos de entrar en la película uno ya sabe que está dentro del macabro mundo romántico de Tim Burton, donde es posible combinar la estética de la Hammer, con el musical, el gore y el cine más romántico y apasionado. Aunque sólo fuera por eso ya merecería la pena verse, pero si además cuenta con unas interpretaciones del altura (impresionante Alan Rickman, y divertidísima la intervención de Sacha Baron Cohen), una historia atractiva, una ambientación única y numeros musicales atractivos, algunos por lo retorcido, otros por lo sorprendente y otros por el placer de contemplar situaciones aberrantes en la que uno lo último que esperaría es que los personajes empezaran a cantar.


Porque sí, es un musical. Aunque la publicidad de la película hábilmente intente disimular el hecho, quedando casi oculto en los diferentes tráilers, Sweeney Todd no es sólo un musical, sino que casi no se habla, y toda la acción transcurre entre las canciones de los diferentes personajes.


Hoy día, hablar de Tim Burton y Johnny Depp es como hablar de otros tantos binomios artísticos director-actor que nos han dejado películas inolvidables a lo largo de los años, como Alfred Hitchcock y James Stewart o Steven Spielberg y Harrison Ford. El grado de química y conexión entre ambos supera la pantalla y crea una nueva dimensión en que la ficción tiene la suficiente fuerza como para cobrar vida propia, y entrar en un mundo real que fascina al espectador, por muy fantástico que este sea.


Sweeny Todd se antoja como una obra única, imprescindible, y a la altura de las mejores obras de Burton, como Sleepy Hollow.

LOS CRÍMENES DE OXFORD (Álex de la Iglesia, España 2008)


Si algo queda claro después de ver la nueva película de Álex de la Iglesia es que el delantal a Leonord Watling le queda genial. Además, podríamos comentar que, en un perverso subtexto, Elijah Wood ya se ha llevado al huerto a dos señores de cierta edad como son Ian McKellen (inolvidable Gandalf) y John Hurt (aquí interpretando al eminente matemático Arthur Seldom). Como colofón, remarcar que si uno ha visto la película doblada, puede tener la sensación de haber presenciado no la interpretación de John Hurt, sino la de Andreu Buenafuente imitando al doblador de Robert de Niro.


Hasta ahí los aspectos... ejem... positivos, porque se podía esperar mucho más de una trama divertida como era la que hilaba Guillermo Martínez en su novela, pero salvo contadas excepciones, pocos aspectos visuales a destacar y sí discutibles decisiones tomadas sobre el guión. Quizá lo más flojo, por obvio, son los personajes femeninos, sin personalidad, y lo que es peor, sin credibilidad.


¿Lo mejor? La deslumbrante banda sonora de Roque Baños.