domingo, 17 de febrero de 2008

SWEENEY TODD (Tim Burton, Usa 2007)


A los segundos de entrar en la película uno ya sabe que está dentro del macabro mundo romántico de Tim Burton, donde es posible combinar la estética de la Hammer, con el musical, el gore y el cine más romántico y apasionado. Aunque sólo fuera por eso ya merecería la pena verse, pero si además cuenta con unas interpretaciones del altura (impresionante Alan Rickman, y divertidísima la intervención de Sacha Baron Cohen), una historia atractiva, una ambientación única y numeros musicales atractivos, algunos por lo retorcido, otros por lo sorprendente y otros por el placer de contemplar situaciones aberrantes en la que uno lo último que esperaría es que los personajes empezaran a cantar.


Porque sí, es un musical. Aunque la publicidad de la película hábilmente intente disimular el hecho, quedando casi oculto en los diferentes tráilers, Sweeney Todd no es sólo un musical, sino que casi no se habla, y toda la acción transcurre entre las canciones de los diferentes personajes.


Hoy día, hablar de Tim Burton y Johnny Depp es como hablar de otros tantos binomios artísticos director-actor que nos han dejado películas inolvidables a lo largo de los años, como Alfred Hitchcock y James Stewart o Steven Spielberg y Harrison Ford. El grado de química y conexión entre ambos supera la pantalla y crea una nueva dimensión en que la ficción tiene la suficiente fuerza como para cobrar vida propia, y entrar en un mundo real que fascina al espectador, por muy fantástico que este sea.


Sweeny Todd se antoja como una obra única, imprescindible, y a la altura de las mejores obras de Burton, como Sleepy Hollow.

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