domingo, 17 de febrero de 2008

TREINTA DÍAS DE OSCURIDAD (David Slade, Usa 2007)


Durante la proyección de Treinta Días de Oscuridad, y conforme avanza el metraje, uno siente que las esperanzas de ver una película decente de vampiros se van evaporando. Cada decisión que se toma en el devenir de la historia parece errónea, y aunque aguardamos que tengan una razón de ser para el desenlace final, esto nunca llega a suceder.


Incapaces de mantener la tensión en el espectador y sin justificar lo suficiente los saltos temporales que sufrimos durante la película (último día de sol, noche 1, noche 7, noche 21…), el espectador se empieza a preguntar qué demonios sucede en esos días que no presenciamos en pantalla, a qué se dedica ese grupo de vampiros cuando no está matando o comiendo, cómo viven el grupo de supervivientes durante esos días que toman forma de elipsis en pantalla.


Tal vez el formato de película no era el más adecuado para contar esta historia. Quizá una serie hubiera dado más espacio para el desarrollo de los personajes, para graduar mejor la tensión, y hacer que el espectador sí pudira identificarse con todo lo que sucede a lo largo de la historia.


Intentando olvidar el bochornoso final, con amanecer incluido, después de ver la película, uno no puede más que sentir una profunda decepción, sobre todo después de ver que David Slade no ha sido capaz de mantener el nivel que ya había apuntado en la magnífica Hard Candy, siendo esa una película que sí poseía un excelente guión.

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