
La base del miedo está en el miedo a lo desconocido, siendo el mayor miedo de todos el miedo a la muerte, la absoluta desconocida. En un mundo como el actual, globalizado, masificado de información, donde es difícil encontrar lugares por descubrir y alejados de la civilización que inviten a la creación verosímil de leyendas más o menos siniestras a su alrededor, cada vez es más difícil encontrar un vehículo de terror que pueda hacer que tiemble el pulso al espectador, cada vez más vacunado contra el terror cinematográfico.
Sin embargo, de vez en cuando, aparecen pequeñas joyas, como fue hace unos años The Descent (Neil Marshall), y como es ahora The Ruins. Carter Smith empieza la película como deben empezar las películas de terror: con un golpe de efecto. Después pasamos a la presentación de los personajes en un entorno amable, en el que nos sentimos cómodos, pero del que sabemos pronto estarán lejos. Hasta aquí, nada fuera de lo habitual, pero es en el desarrollo de la trama, en la presentación del malo (o malos) donde se produce la diferencia respecto a otras películas.
Las Ruinas contiene momentos de inquietud, de desasosiego, de terror si se quiere, y una atmósfera inquietante por cercana, amenazante, y creíble. La frase "No, no puede estar pasando" golpea el rostro del espectador en varias ocasiones, y nada mejor que eso en una historia de de este tipo.
Las Ruinas se basa en un bestseller de Scott Smith, al que ya alabó Stephen King con motivo de su publicación, y le dio la bienvenida como una de las aportaciones de más talento a la novela de terror en los últimos años.
Y ahora deberíamos añadir, al terror cinematográfico.

