jueves, 8 de mayo de 2008

DUEÑOS DE LA CALLE (David Ayer, Usa 2008)


Dueños de la Calle es una película sucia. Y ese es el mejor calificativo que podría aplicarse a un film donde no hay buenos, donde toda su fauna humana está compuesta por pecadores en mayor o menor grado, y la corrupción es tan respirable como el oxígeno que nos llevamos a los pulmones cada día.


El espíritu de James Ellroy recorre cada línea de diálogo, cada giro de la trama, cada característica de los personajes. Forest Whitaker está excesivo, pero su histrionismo no importa demasiado en una película de atmósfera y de suciedad, de vidas arruinadas y ambientes sórdidos; Hugh Laurie compone un personaje excelente, y juega a recordarnos a House... y que no debería pasar tanto tiempo sin hacer cine; Keanu Reeves se hace mayor, con kilos de más, la mirada tan oscura como siempre y el rostro hierático compone un personaje creíble... pero no se puede dejar de pensar en que hubiera hecho otro actor más capacitado para construir personajes autodestructivos como, por ejemplo, Edward Norton.


El uso y abuso de primeros planos en la noche oscura de Los Ángeles no hace sino aumentar la claustrobia, la sensación de falta de aire, de escape, y la ciudad de los sueños se convierte en la ciudad de las pesadillas, de la traición, de las lealtades mal entendidas, el amor frustrado y el asesinato a sangre fría.


Cine negro contemporáneo, alejado de la violencia manierista tan propia del siglo XXI y más cercano a la de finales de los setenta o primeros ochenta, sin concesiones, duro e implacable, y desde luego no apto para todos los públicos.


Una magnífica muestra de cine visceral, crudo y explícito, amoral, donde nunca una puesta de sol compuso un plano más liberador.

No hay comentarios: