jueves, 29 de mayo de 2008

INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL (Steven Spielberg, Usa 2008)


Ya está aquí, después de años de espera, ha llegado y nos ha regalado ciento veintitrés minutos de cine en estado de gracia.


Pura fantasía cincuentera con acción, humor, reencuentros inolvidables, secuencias antológicas, una película donde cabe la aventura, las referencias al espionaje propio de la guerra fría, las listas negras, el comunismo, Roswell, Francisco de Orellana, los experimentos nucleares, hormigas gigantes, cataratas, selvas cargadas de peligros, persecuciones frenéticas, cuevas secretas, ciudades perdidas y un solo nombre que por sí solo ya atraería a masas enfervorecidas con ganas de bucear en un mundo de fantasía: Indiana Jones.


Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal es eso y mucho más. Si a la imaginación de Lucas unimos el talento único de Spielberg y la mejor interpretación posible para el personaje por parte de Harrison Ford, surge una joya a la altura de las demás secuelas de esa obra maestra del cine llamada En Busca del Arca Perdida (1981).


David Koepp se las ha arreglado para reciclar restos de guiones frustrados por parte de Jeb Stuart, Frank Darabont y Jeff Nathanson, y, añadiendo material de su propia cosecha, conseguir una magnífica muestra de cine de aventuras, cargada de referencias a las anteriores películas de la saga, y con una historia original y que en nada hará sospechar que se trata de una mera fotocopia de las demás.

De hecho, la nueva película de Indiana Jones es claramente una película de Indiana Jones, pero a la vez es algo nuevo. No en vano está hecha hoy, en el siglo XXI, y cuya ficción transcurre veinte años después de las otras historias para el cine del famoso arqueólogo.


La puesta en escena es sencillamente magistral, capaz de mover al espectador de una acción a otra, presentado a la perfección a todos y cada uno de los personajes. Para la historia del cine queda esa primera entrada de Harrison Ford, recogiendo el sombrero del suelo y colocándoselo con el estilo que se le supone. O la entrada del personaje de Mutt Williams, entre la niebla y en moto, o esa mala malísima Irina Spalko, tras unas gafas oscuras saliendo de un coche.


John Williams sigue en forma, componiendo una banda sonora eléctrica, recuperando algunos de los mejores temas de En Busca del Arca Perdida y creando algunos nuevos que ya forman parte de la historia de la saga. Michael Kahn compone un montaje vibrante a lo largo del metraje y Janusz Kaminski deja su sello con una fotografía diferente a las anteriores pero justificada por el cambio de década.


Si a toda esta fiesta se une el mísmisimo Elvis Presley al plato sólo le falta ser devorado una y otra vez, para disfrute de todas las edades.


Aventuras con mayúsculas.

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