miércoles, 25 de junio de 2008

EL INCIDENTE (M. Night Shyamalan, Usa 2008)


Hasta ahora M. Night Shyamalan no ha hecho ninguna película de terror, o no, al menos, una película cuyo tema central sea el terror propiamente dicho. Hasta ahora ha hecho tres películas magistrales: una donde convergen varias historias de amor (El Sexto Sentido), otra sobre el redescubrimiento de uno mismo (El Protegido), y otra sobre la recuperación de la fe (Señales).

El Incidente tampoco es una historia de terror, sino la historia de una reconciliación. Es decir, a Shyamalan siempre le interesan más los conflictos de sus personajes que el camino rápido y fácil del típico mega-blockbuster-hollywoodiense. Aquí seguimos los pasos de una pareja en crisis evacuando una ciudad ante una serie de ataques que podrían ser terroristas, pero que poco más tarde descubriremos que se trata de una amenaza más natural y lógica, según cómo el ser humano trata a la tierra.

La película juega continuamente con la amenza nunca vista, con intercalar elementos de conflicto personal con elementos del enemigo externo, con momentos antólogicos de humor e imágenes de extrema violencia, con graduar la información -una información que casi nunca se da de manera aleatoria y suele tener una razón de ser- y elaborar arriesgados diálogos y situaciones que caminan por el filo de la navaja.

Ahí está el genio de Shyamalan: se atreve a hacer lo que nadie hace. Juega a contracorriente. Parte de ideas brillantes y después utiliza su talento natural como narrador para conducirnos por donde quiere. Y lo que quiere, siempre, es contar historias personales. Para hacer bodrios veraniegos siempre está Roland Emmerich.

El Incidente contiene alguna de las mejores secuencias de este año, donde el espíritu de Hitchcock parece poseer la cámara en un par de ocasiones, y es sin duda una excelente manera de redimir a su director después del patinazo inesperado que supuso La Joven del Agua.

El Incidente -o The Happening- es sin duda una película para amantes de historias personales envueltas en tragedias universales, y además, para los coleccionistas de bandas sonoras, contiene una nueva y excelente partitura a cargo de James Newton-Howard.

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