
La película es un absoluto despropósito: no se sabe si pretendía ser un drama, una comedia, cine negro o qué. Y no consigue nada. O, mejor dicho, sólo consigue una cosa: aburrir. Tres excelentes actores como Colin Farrell, Brendan Gleeson y Ralph Fiennes navegan a la deriva sin saber muy bien qué están haciendo.
Ni siquiera la ciudad de Brujas parece interesante en una de las peores películas del año.
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