
Contra todo pronóstico -sobre todo debido a los años transucurridos desde la última vez que los vimos, ya fuera en cine o televisión-, la nueva entrega de Expediente X es una historia bien narrada, con un buen guión, correctamente dirigida, y que va revelando poco a poco a lo largo de su metraje los secretos que mantiene bien guardados desde el inicio. Casi parece que se trate de un thriller de otra época, de finales de los setenta o principios de los ochenta, donde la acción y la historia no tiene por qué estar enfrentada a la inteligencia. Aquí no hay explosiones ni tiroteos, pero si diálogos interesantes y complejas situaciones morales.
Por supuesto, David Duchovny y Gillian Anderson hacen lo que se les supone, porque ellos son Mulder y Scully, y forman ya parte de la mitología catódica.
Y Chris Carter, el creador de la serie, ha conseguido realizar una película que no romperá taquillas, pero que sí dejará un agradable sabor en el paladar a los amantes de las buenas historias.
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